Sunday, June 04, 2006


ON THE SUNNY SIDE OF THE STREET

by Tom Baxter



Tuve que romperme las piernas para empezar a escribir. Y rompérmelas en uno de esos recurrentes momentos críticos que tanto me gustan, porque no dejan de ser un motivo perfecto para no hacer nada. Hube de pasarme meses postrado en una cama entre cuatro paredes para lograr por fin plantar cara a todos mis miedos e inseguridades. Pero bueno, lo hice, y aquí me tienen, desgranando como puedo mis aburridos vicios. Lo más difícil ha sido contener la apatía que me define, aplacar las ganas de hundirme en el somnoliento sofá para pensar en las - adoro esta palabra- musarañas.

Seguro que alguien algún día dijo que cuando tocas fondo sólo tienes dos posibilidades: convertirte en un espantoso pez abisal o empezar a subir y subir hasta llegar a alcanzar cotas jamás imaginadas. Aún no sé qué es lo que el destino tiene reservado para mí, si tiene algo o si simplemente existe. Yo quisiera creer que sí hay un destino, aunque sólo sea para refugiarme en esa posibilidad y esperar la gloriosa venida de los buenos tiempos. Otro ejemplo de mi patética querencia por la vagancia más absoluta. Esperar a que venga el destino a ofrecerte té con pastas es como pensar que, por el simple hecho de conocerte, el mundo sabe cómo eres realmente y qué le puedes ofrecer, sin ninguna demostración.

Yo quería ser pianista de jazz. Yo quise ser muchas cosas. Pero sobre todo pianista de jazz. En Nueva York. I mean, pasarme la vida tocando en uno de esos night-clubs de los que no hay en esta ciudad de provincias; elegantes y por qué no, decadentes a más no poder, uno de esos bares donde tomarse una copa después de un largo día de trabajo, escuchando buena música, aflojarse la corbata y beber gin- tonic pensando en cuándo cambiará el viento. Cómo esperamos todos ese viento a favor, es curioso. Y en esa penumbra del, llamémosle, Annie Hall, también habría mujeres con la mirada perdida, en una esquina de la barra, y parejas incipientes prometiéndose lo que nos prometemos todos sin remedio en esos momentos, ese tipo de promesas que recordaremos con tristeza cuando todo se termine y haya que esperar para ofrecer nuevas otra vez de nuevo. Quizá las mismas promesas que envidrian la vista de la chica de la barra.

Un día cualquiera entre semana, quizá un martes, tendríamos el local sin excesiva concurrencia, y en esos días podría no notarse mi presencia en el rincón, y sí las teclas del piano confortándoles. Habría de alternar piezas movidas y rápidas con otras más intimistas, que son las que más me gustan porque uno se sienta en este tipo de sitios buscando melancolía, y más un martes por la noche. Qué demonios, dejaría los temas rápidos para el fin de semana, para que duren más poco aún esos esperados dos días.

Cuando uno nace en una ciudad como ésta se le cierran muchas puertas, y me alegro de poder escribirlo y no decirlo, porque sé que irremediablemente vendría alguien a decirme que no, que todos podemos alcanzar nuestros sueños vivamos donde vivamos. Afortunadamente no hay nadie a mi alrededor, y es un descanso porque hay momentos en los que no apetece tener gente alegre y optimista junto a ti. En realidad no soporto a ese tipo de gente siempre sonriente, con cara de imbécil. En realidad, no soporto a la gente. Y además, me gusta estar triste.

Eso precisamente me dijo mi mujer cuando me dejó un domingo a media tarde, justo antes del verano. Lo cierto es que nunca pude agradecerle lo suficiente aquella frase. A veces es sorprendente con qué profundidad te definen personas en quienes , más que ver unos ojos preciosos, ves unos ojos vacíos. Me acongojan, siempre, los ojos vacíos, porque nunca pueden estar tristes.

Me gusta mi ciudad porque no la veo. Contemplo mi vida como si fuera una película, con su propia banda sonora. Así es que cuando paseo por sus calles, podría estar en cualquier sitio del mundo. Pero no es el mundo un lugar al que ir cuando quieres atrasar lo máximo posible la vuelta a casa, en especial cuando nadie te espera.

- Tienes los ojos tristes, Fred.

Después de aquello, pedí el traslado a Nueva York. Aún me quedaban algunos amigos de la universidad, pero ninguno había descarrilado y no me apetecía salir de la oficina y oxigenar sus vidas con copas de compromiso.
Me sentía como si jamás hubiese dejado esta ciudad. Sólo habían pasado doce años, pero pronto empecé a recordarlos como un intervalo difuso, la sensación confusa de no haber sido yo quien vivió aquellos años huidizos, de no ser Rose, a quien me costaba ya recordar, aquella niebla.

El Baker’s lo encontré una noche mientras volvía a casa, después del acostumbrado plato combinado en el Phillie’s.
Hacía un par de semanas de mi regreso y aún no había encontrado mi camarera ideal. Sólo quería sentarme siempre en la misma barra, escuchar música y olvidarme de todo.
Antes de quitarme el sombrero ya había dejado Sophie el posavasos de papel y una cálida sonrisa, y entonces dejé de buscar y recuerdo que Harry comenzó a tocar las primeras notas de Solitude.
En aquellos días andaba yo delicadamente alcoholizado; digo delicadamente porque apuraba las copas con lágrimas en los ojos, con sonrisa de clown.
Nos hicimos amigos muy pronto: al segundo o tercer día comenzamos a hablar. Eran un matrimonio muy agradable; frisaban los cuarenta pero no tenían edad. Habían puesto el bar cinco años antes y aunque no les iba del todo mal, soñaban con convertirse en una referencia. De momento, la sensación que me daba el local era el de una bombilla mal iluminada, con un par de polillas revoloteando alrededor.

Pero lo cierto es que algo había allí que me resultó familiar, y abandoné la idea de montar mi propio negocio. Para qué. Resultó que Harry profesaba mi misma religión musical y, cuanto más hablaba con él, más cercano le sentía.
- No hay nada que hacer, Fred. Te asombraría saber cuán pocos valoran la buena música.
Al principio lamenté su existencia, porque Sophie era la clase de mujer que siempre había querido tener. Pero quizá por eso, pronto entendí que nunca dejaría de amarle.

Harry terminó por vencerme poco después. Después de horas y horas de conversación, tenía un conocimiento exacto de mis estados de ánimo.
Era maravilloso beber el primer trago y ver cómo me saludaba desde el piano dándome la bienvenida, sin levantar las manos, tocando para mí On the sunny side of the street.


(Posiblemente continuará...)

Thursday, June 01, 2006




A FEW WORDS BETWEEN TWO FELLOWS

by Tom Baxter


"Lo único que se le pasaba por la cabeza era si, en su caída, la suerte que le había empujado a esa decisión le aguardaría con un lazo de despedida en forma de inocente peatón. Llegado al primer piso, comprobó horrorizado que, a veces, las trayectorias convergen.
Y la desventura. "



Sirva este relato como humilde homenaje a un escritor único: Paul Auster.

El otro Paul ha creado una ingeniosa moda: el microblog.
Gana quien sepa juntar mejor 50 palabras. Sólo 50 palabras, ni más ni menos.
Arriba está mi participación.

Bases aquí: www.blogg-this-way.blogspot.com

Tuesday, May 30, 2006


Una furtiva lagrima


Una furtiva lagrima
negli occhi suoi spuntò,
quelle festose giovani
invidiar sembrò.
Che più cercando io vo?
Che più cercando io vo?

M'ama, sì, m'ama, lo vedo, lo vedo!

Un solo istante i palpiti
del suo bel cor sentir!
I miei sospir confondere
per poco ai suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
confondere i miei coi suoi sospir!

Cielo, si può morir...!
Di più non chiedo, non chiedo.
Ah! Cielo, si può, si può morir...!
Di più non chiedo, non chiedo.
Si può morir...
Si può morir d'amor!

L'elisir d'amore. Gaetano Donizetti

Fotografía: Amite o la comedia de la vida. J.R. Cuervo-Arango



P.D.- Pobre Nemorino...

Saturday, May 27, 2006




Te puede fallar tu cantante favorito, tu artista preferido, tu grupo, tu programa, hasta tu hermana, tu periódico, el Sporting, tu programa de radio, tu presentador, tu panadería, tu peluquero, tu coche, tu moto, tu presidente, tu jefe, tu compañero, tu bicicleta, tus ojos, tu corazón, tu memoria, tus rodillas, tu botella de ron, tu novia, tu novia, tu novia, tu profesor, tu escritor, tu ordenador, tu selección en el mundial, un verano, un otoño, un invierno, nunca la primavera ni tu mejor hermano ni tu madre, cualquier día de la semana, se pueden caer los plomos, la luz, te pueden quitar el agua, el carnet, te puede decepcionar tu país, el mundo en el que vives, Murphy no porque es su función, hasta es posible que alguna vez te hayas fallado a ti mismo.

Pero nunca, nunca, te fallará tu mejor amigo.

Por eso mandé hacer esta placa, porque delante de esa mirilla te contemplan 14 años de amistad, de Palomas calamaronianas, a saber qué pensarán las vecinas, lo que se dirán mientras esperan el ascensor sujetando las bolsas de Alimerka, mientras sacan las llaves de casa en la cabina - me ha dicho Tere que son gays-, - yo sé que no, hay una chica morena preciosa de ojos azules- dirá Maripili, la del segundo.

A ver cuánta gente tiene tantas vidas como nosotros.

Gracias, Cortázar; jamás seremos como los demás.

Somos la hostia.

Música: Podría volver. Los Planetas. (La descubrí esta semana).

Saturday, May 13, 2006



LA INCREIBLE HISTORIA DE IRIA NORIEGA


A duras penas la pareja de policías lograba contener a la muchedumbre que se iba congregando en el centro de la plaza de la catedral. Para cuando llegaron las autoridades, el gentío desbordaba ya las colapsadas calles adyacentes y las televisiones se aprestaban a retransmitir en directo, desde las ventanas cercanas, tan increíble acontecimiento.
El Alcalde fue llevado al lugar por un angosto camino abierto entre la multitud, mientras iba asimilando, con creciente perplejidad, las inconexas informaciones que le iba gritando, entre empellones, el jefe de policía:
- Una mujer...hemos vallado...increíble...

No bien hubo alcanzado el escenario de tan desconcertantes hechos, y una vez constatada su extraordinaria importancia, el regidor dio orden inmediata de ocultar el asunto a los ojos del público, consciente de encontrarse ante algo que escapaba a su control, para lo cual se procedió a despejar, no sin una enorme dificultad, la plaza, y a instalar un improvisado tenderete protector de objetivos indiscretos, a pesar de las protestas del ejército de periodistas allí apostados.
Pero aquello no sirvió sino para avivar aún más la llama de la curtiosidad, que diría Kipling, y el revuelo ocasionado por semejante medida hizo vanos los intentos de los prebostes locales por mantener a raya lo que ya era de dominio público.

En efecto, pronto trascendió el alcance de la noticia, y en los cinco continentes se vio interrumpida la programación habitual en los medios de comunicación para dar cuenta de lo que allí estaba sucediendo. Las televisiones bombardeaban las pantallas una y otra vez, entre tomas aéreas de la plaza, con las imágenes que un avispado y afortunado testigo había tomado torpemente. En un corte de unos veinte segundos, y en los escasos momentos en los que no bailaba la cámara, el improvisado reportero había conseguido enfocar, confusamente, la figura de una joven mujer completamente inmóvil, rodeada de rostros estupefactos. Claro está, se necesitaba observar detenidamente la imagen- como así hicieron los realizadores televisivos, abusando de la cámara lenta – para poder entrever cómo aquella chica estaba sostenida en un inestable equilibrio por su pierna derecha, como si el obturador de una cámara hubiese detenido a Iria Noriega, y a su pierna izquierda, a punto de culminar su paso.

Una caterva de sesudos especialistas - doctores, filósofos, sacerdotes, científicos, visionarios... - copaban redacciones y platós intentando explicar porqués y cómos, que es la forma que tienen radios, periódicos y televisiones de dar cuerpo a sus noticias mientras las buscan.
Se originó un encendido debate público acerca de las medidas a tomar, en cuanto a las medidas prácticas, digamos, porque habría que decidir sobre la conveniencia o no de dejar a Iria Noriega tal y como estaba o llevarla a algún sitio. Por protegerla, entiendo.
El caso es que pronto se supo que la parálisis era absoluta. No hubo manera de desplazarla ni un solo centímetro de su posición, estaba graníticamente paralizada.

- Pero qué coño... - farfullaba el Alcalde ante ella, con los brazos en jarra. Se había cansado de rodearla, intentando encontrar algún detalle que le devolviera a la realidad, pero nada había de extraño en aquella figura, vestida como cualquier joven de su edad, con sus auriculares, su mochila, los ojos entornados y la boca entreabierta, como si se hubiese detenido en el preciso instante en el que sus labios susurraban el estribillo de alguna canción.

Entonces las autoridades superiores se hicieron cargo del asunto y se activó el protocolo oficial establecido para situaciones extraordinarias. Se creó una especie de consejo de nobles integrado por reconocidos expertos, en derecho y medicina fundamentalmente, pero también en otras materias. Se pretendía dilucidar, con la mayor brevedad posible, varias cuestiones, pero en especial dos: la situación legal y la médica de Iria Noriega.
Porque, en efecto, había enormes dudas acerca de si era lícito desplazarla de allí por encontrarse en un espacio público, más aún siendo la plaza de la catedral. En este asunto los canónigos se mostraron inflexibles exigiendo la retirada inmediata de la joven, por cuanto afectaba a la naturaleza sagrada del recinto, si bien era evidente que se encontraban bastante preocupados con el desvío del foco de atención. Es curioso, tiempo después, se convertiría en la catedral más visitada de la Cristiandad.

Al día siguiente tuvo lugar el tan esperado comunicado por parte del Máximo Responsable.
Fue una solemne declaración oficial, y alcanzó una enorme aceptación el detalle de colocar, junto a la nacional, la bandera de las Naciones Unidas.
Sin extenderse demasiado, el Máximo Responsable hizo partícipe al mundo de lo que allí estaba sucediendo, confirmó los contactos con todos los países del globo y confesó no conocer ni una sola razón por la que Iria Noriega había quedado paralizada. Dijo que el mundo estaba asistiendo a un hecho sin parangón en la Historia y terminó su discurso pidiendo el máximo apoyo para quienes peor lo estaban pasando: la familia de Iria Noriega.
Inmediatamente después se facilitó una nota oficial en la que el Consejo anunciaba su decisión de no tomar ninguna decisión. Dada la disparidad de opiniones, se consideró oportuno mantenerlo todo tal y como estaba, hasta que el estudio de la situación arrojara alguna luz.
Sólo al final del comunicado el Consejo declaraba que:

"1º.- A pesar de la absoluta ausencia de movimiento en el cuerpo, y con él la aparente parálisis de todas sus funciones vitales, este Consejo no puede, en base al punto siguiente y con el deseo de seguir trabajando en la recuperación del paciente, declarar la muerte clínica de Doña Iria Noriega.
2º.- No pudiendo declarar su defunción, este Consejo certifica el pleno derecho que asiste a Doña Iria Noriega a permanecer en la plaza de la catedral, considerándose inviolable su persona."

Dos meses después de aquellos días, la pequeña plaza presentaba otro aspecto. Se había descubierto a Iria Noriega, y en lugar del primer cobertizo se había instalado un coqueto kioskillo que la rodeaba, a petición familiar, para protegerla de las inclemencias del tiempo.
Completamente acristalada, resultaba perfectamente visible desde cualquier lugar de la plaza, donde habían dispuesto, provisionalmente, vallas para encauzar el inmenso flujo de gente que se acercaba, cada día en mayor número, a verla.



(...to be continued...)






Música: I saw her standing there. The Beatles

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P.D.- Iria Noriega está todavía en la plaza de la catedral de Oviedo.

Thursday, May 11, 2006




Supongo que sobran las palabras, ¿verdad...?

Es genial, la recorté hace unos años.

Música: It's all over now. Dr. John

Tuesday, May 09, 2006



Los restos del naufragio



Los restos del naufragio
quedaron esparcidos,
o desaparecidos, o rotos.

Nos queda el presente,
que ya es suficiente, y no nos debe faltar.

Nos queda la suerte,
que si se balancea un poco,
nos puede tocar.

Nos queda Oaxaca, Peyote, San Pedro y amigos,
que no nos quieren cambiar.

Nos quedan canciones que llenen los corazones,
sobre todo las de los demás.

Nos queda el mar y un buen pescado,
que comer a tu lado,
y eso sólo será si vuelves, claro.

Los restos del naufragio
quedaron esparcidos,
o desaparecidos, o rotos.

Nos queda Leonard Cohen, Tom Waits y Nick Cave.
Jaime, Santiago, el Loco y Andrés.
Charly, Fito, Spinetta, Érica, Andrea
y, cómo no, esa mi Julieta.

Nos queda Benarés, Marrakech,
Cádiz, Buenos Aires, y Santo Domingo,
si nos dejan volver.
Las señoritas que aun no conocemos.

Nos queda la plaza cuando la gente se vaya.

Nos queda el mar y un buen pescado,
que comer a tu lado,
y eso sólo será si vuelves, claro.

Los restos del naufragio quedaron esparcidos,
o desaparecidos, o rotos.

Bunbury




Foto: "Lake Michigan", c. 1950. Harry Callahan
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@...Y entonces empezó todo...

Thursday, May 04, 2006

Empire state


EMPIRE STATE

Todos los que amamos Nueva York hemos sonreído el lunes cuando el Empire State celebró su 75 aniversario.
Es lo que tienen los americanos: con el país en ruinas levantan semejante gigante, y uno entiende el orgullo indescriptible que para todo el país debió suponer acometer tal esfuerzo con el sacrificio de todos, en plena Gran Depresión.
Luego vendría King Kong y Supermán, y los suicidios. El último que lo intentó, a las 4 de la tarde, fue sujetado por los policías, y uno de los guardias reflejó luego en la prensa la quintaesencia neoyorquina: " Esto es Nueva York y no eran horas de tirarse de un rascacielos".

El compromiso social siempre ha estado presente en la Historia de la Fotografía. Y uno de los grandes fue Lewis H. Hine.
Dejó de ser profesor cuando se enamoró de la Fotografía, y le pareció el mejor modo de reflejar sus preocupaciones sociales. Es conocido por las maravillosas imágenes que tomó de los inmigrantes que llegaban a Ellis Island y por sus documentos fotográficos sobre las condiciones laborales de los trabajadores.

En 1906 comenzó a fotografiar para el Comité Nacional por la Labor Infantil (National Child Labor Committee) y en 1908 viajó intensamente captando con su cámara imágenes de niños trabajadores en fábricas, minas, calles...
Estas fotografías consiguieron alertar al público y ejercer presión para endurecer las leyes referentes a los trabajos de menores.

Luego comenzó su serie de los Work Portraits, la más importante la dedicada a la construcción del Empire State, entre 1930 y 1931.
Se subía con los obreros a los andamios, sin miedo a la altura, con cámara, trípode y lo que hiciera falta. Cocinaba su comida en las vigas calientes, como los demás, y sin su audacia jamás hubiésemos podido disfrutar de uno de los trabajos más fascinantes de la Historia de la Fotografía.

Lewis H. Hine : Allá donde estés, gracias por todo.

Fotografía: Icarus. Lewis H. Hine (1874 - 1940)
Música: The Promised Land. Bruce

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Sunday, April 16, 2006



Raíces y Alas



Desde que tengo uso de razón, no ha habido día en el que no se detuvieran mis ojos en ella.
Primero mientras revolvía el Cola-Cao, luego quizá mientras echaba azúcar en el café.
La trajo mi padre de su estancia en Inglaterra; fíjate, un trozo de madera, hasta es posible que haya sido yo quien coloreó las-letras-que-se-pueden-colorear con un rotulador rojo.
Me parece tan maravillosa la leyenda, que espero que nunca se me olvide.
Como dijo el Principito: lo esencial es invisible a los ojos.
Pero a veces, también se lee...
Feliz semana a todos.

Música:

When I grow too old to dream.
Versión de Ralph Sutton & Jim Cullum Jazz Band

"Sólo hay dos legados permanentes que podamos dejar a nuestros hijos.
Uno son las raíces. El otro las alas"

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Tuesday, April 04, 2006






Modigliani vivió 35 años. Murió completamente alcoholizado, imagino que en cualquier buhardilla con goteras. Jeanne Hebuterne fue su musa, su amante, su todo. Y cuando murió él, ella se suicidó. Pero no por eso me gusta tanto.




Si no te gustara tanto meterte en líos,
si eligieras un camino asfaltado alguna vez,
conservarías el sombrero norteño,
y la chica triste que te hacia reír.

Aunque no la quisieras, ni ella a ti,
teníais sed, siempre a la vez, en los mismos lugares, en los bares;
conservarías el bolsillo repleto,
y la chica triste que te hacia reír.

Que no me lleven al hospital. No es que desconfíe,
es que no me fío de la medicina occidental.
Que no me lleven al hospital. ¡Si ya me encuentro mejor!

Cuanto más viejo, decías, mucho más libre.
Menos plata que te arrebatan, y menos peso que cargar.
Últimamente, vas muy ligero,
sin la chica triste que te hacía reír.

Siempre hay otro lugar en la frontera,
siempre la esperanza queda, y quizás pueda ser mañana,
que el amanecer te traiga de vuelta
a la chica triste que te hacia reír.

Que no me lleven al hospital. No es que desconfíe,
es que no me fío de la medicina occidental.
Que no me lleven al hospital. ¡Ya estoy mejor!.

Asegúrate de que te dejen cerca de la parada,
la que esté más cercana, y te aleje de la diana,
y no te preocupes, por no despedirte de nadie.

La chica triste que te hacía reír. Bunbury
Jeanne Hebuterne con sombrero. Modigliani

SO ALIVE

Today I watched the boats
Moving through the harbor
Walking on water
In your arms I'd stay
Forever if I could
Forever if I may
Keeps me in your thoughts, don't disappear

I am on your side
And so alive
So alive it isn't real
If this is how I feel

Then nothing now is true
And nothing now can ever be taken away from you
Sinking in the past
The things that shouldn't last
Just put to bed and stand beside me
Stand beside me

Always on your side
I'm on your side
And so alive it isn't real
I am on your side
And so alive
And so alive
And so alive
I am on your side
I am on your side
I am on your side
And so alive

Ryan Adams

Chema Madoz

Sunday, April 02, 2006


BE ON TIME


Ahora que lo pienso, me hubiese gustado ver la cara que se me quedó cuando el tipo de la puerta de embarque me dijo que ya había partido el avión. Hemos estado llamándole for several times, me dijo mientras no podía dar crédito a lo que me estaba pasando: Dios, acabo de perder el vuelo.
Así que tuve que recorrer de nuevo todo el aeropuerto de Bruselas hasta dar con la ventanilla de Virgin, donde la chica me dijo- poniéndome la cara de circunstancias que siempre pone la gente de mostrador cuando ocurren estas cosas, algo así como sí, lo siento, no eres el único a quien le pasa esto- que tenía que pagar un billete nuevo. Y luego me fue imposible localizar a nadie por teléfono, y mientras crecía la angustia y las ganas de romper la cabina de teléfono, la paisana que tenía al lado seguía diciéndome que no me preocupara de nada, que ella había perdido un avión en Sudafrica una vez y que no había que alarmarse, que no pasaba nada por no ir al trabajo al día siguiente. Hasta creo que llegó a convencerme de que perder el avión era lo mejor que podía haberme pasado en la vida mientras yo empezaba a imaginarla con sombrero de exploradora y con la cara de Meryl Streep, qué tía más pesada - te dejaría el dinero, pero no te conozco, me repetía sonriéndome.
Cuando conseguí el billete volví a cruzar el aeropuerto y me volvió a cachear el mismo tipo de hacía una hora, y cuando me pidió que me quitara el cinturón no pude evitar empezar a reírme pensando que me iba a preguntar guiñándome el ojo: -qué, te gustó eh...
Y una vez llegado a la puerta de embarque resoplé para asimilar que tenía que pasarme el día entero allí, para lo cual improvisé una habitación en los bancos con vistas a la pista de aterrizaje, y hasta me puse las zapatillas y me pasé el día viendo desfilar ante mí vuelos a todas las partes del mundo, y conocí a un tipo que se iba a Las Vegas a jugar, y con su inglés de preescolar me hacía reír cuando repetía slot machines accionando la palanca con las manos para dar más credibilidad a sus palabras, mientras creía ver ya en sus pupilas el símbolo del dólar.

Más tarde, después de dormir a pierna suelta, me recorrí media terminal para poder fumar, y a los 34 km encontré una cafetería donde encendí un cigarrillo, e inmediatamente salió de su madriguera una camarera entrada en kilos y estupidez, que me empezó a gritar con su cara grasienta que no podía fumar si no consumía, que me largara. Y entonces fue cuando conocí a Marcel y a Helen de Breda, que me invitaron a una cerveza y a fumar con ellos y a insultar a la waitress y me dijeron que acababan de llegar de Valencia y, claro, empezaron a chapurrear las pocas palabras que habían aprendido, las palabras q aprende todo dios q nos visita: pa-e-lla, fies-ta, etc, y yo sonreía mientras pensaba en cómo cambia la vida en cuestión de minutos, qué fantástico es pensar que acabas de conocer a gente que jamás hubieses conocido si no hubiesen cambiado la hora en la madrugada del día de tu despedida. Murphy, eres implacable...

Música: Take it as it comes. The Doors
Fotografía: Watch. Josef Koudelka
Fotografía: Margaret Bourke-White
P.D.- Hoy se cumple una semana.

Thursday, March 16, 2006

World War I Flying Ace




World War I Flying Ace


Los campesinos detienen su labor por un momento para otear el horizonte y confirmar que el ronroneo que se viene sintiendo desde hace un rato es en efecto el de las hélices del Sopwith Camel, el avión del más célebre aviador que haya surcado nunca los cielos, que surge majestuoso de las brumas para encontrarse, una vez más, con su temible archienemigo el Capitán Manfred von Richthofen, el legendario Barón Rojo.
Agitan sus manos con gritos de júbilo mientras nuestro héroe les saluda con una arriesgada pirueta antes de perderse en el fragor de la batalla, que nunca será la definitiva.

Ya las balas empiezan a silbar por todos lados, pero logra esquivarlas con elegante desprecio en una sucesión de valerosas maniobras, mientras crece el desánimo entre sus rivales y la esperanza entre los suyos, que ven multiplicada su fuerza con él entre ellos.
Van cayendo tres, cuatro aviones enemigos pero el Fokker del Barón no hace acto de presencia. De pronto lo encuentra frente a él y ambos viran bruscamente a lados diferentes, con sus alas a punto de tocarse. La lucha será encarnizada.
Siguiendo su estela, el más arrojado de los pilotos se ajusta las gafas y maneja con fuerza y decisión la palanca del avión hasta lograr tenerlo a tiro, pero ese endemoniado pájaro parece moverse como pez en el agua y esquiva todos sus ataques tac-tac-tac-tac y vuelta a empezar.
Oh-oh el infame ha logrado contrarrestar el movimiento y ha tomado posición detrás del más célebre aviador de todos los tiempos. Tac-tac-tac-tac parece que se ha desatado un virulento fuego en la parte de atrás del avión, nuestro héroe trata de ponerse a salvo pero la palanca cada vez es más difícil de controlar, maldita sea piensa mientras se ve obligado a realizar un temible looping. La visibilidad empeora con esta inoportuna niebla pero aún así logra hacer blanco en el ala derecha del odiado triplano. ¡Nyah nyah! se igualan las cosas viejo carcamal, grita mientras observa cómo su fiero enemigo decide retirarse en espera de otra mejor ocasión.
Aquí está el as de la I Guerra Mundial volviendo con alguna que otra dificultad a su aeródromo, completamente exhausto, mientras saluda con su pulgar a los lugareños, todo en orden amigos, la victoria está cerca.
Antes de perderse entre la niebla maldice con su puño al cielo:
- Curse you, Red Baron!!!
- Someday, someday I'll get you...!!!!!

Thursday, March 02, 2006

3 doors down


He spends his nights in California
Watching the stars on the big screen.
Then he lies awake and wonders
Why can't that be me?
Cause in his life he's filled with all these good intentions.
He's left a lot of things he'd rather not mention right now.
But just before he says goodnight,
He looks up with a little smile at me and he says

If I could be like that
I'd give anything
Just to live one day
In those shoes.
If I could be like that, what would I do?
What would I do?

Now and dreams we run.

She spends her days up in the north park,
watching the people as they pass.
And all she wants is just a little piee of this dream, is that too much to ask?
With a safe home, and a warm bed, on a quiet little street.
All she wants is just that something to hold onto, that's all she needs.

Yeah!

If I could be like that, I would give anything
Just to live one day, in those shoes.
If I could be like that, what would I do?
What would I do?

I'm falling into this, in dreams we run away.

If I could be like that, I would give anything
Just to live one day, in those shoes.
If I could be like that, what would I do?
What would I do?

Falling in.
I feel I am falling in to this again

Be like that. 3 Doors Down


New York Première. Robert Frank

Evening in Kenwood. Bill Brandt

Thursday, February 23, 2006

This Hard Land





This Hard Land


Algo tiene esta canción, como muchas de Bruce con las que me he ido haciendo mayor sin darme cuenta, que me recuerda cada vez que la escucho aquellos días en los que creíamos que todo era posible, when we were heroes.
Sí, ahora lamento aquellas palabras - serás hombre, hijo mío - en las que se me avisaba de que el verano no iba a durar eternamente.
Se irán los días felices del verano...
En cierto modo, yo también me pregunto qué pasó con aquellas semillas, the seeds I´ve sown, aquellos sueños que nunca ví florecer, los años que perdí.

Uno no se pregunta cuál es la mejor opción en la fábula de la cigarra y la hormiga, porque es evidente; pero sí admira la triste belleza de ver, a quien cantó al sol y a la vida, aterida de frío abrazada a su violín.

Cuando escucho esa armónica, cierro el puño con el orgullo de quienes no lo tuvieron fácil, y desprecio las oportunidades que no pude o no me dejaron tener, y a quienes, teniéndolas, las desaprovecharon.
Por eso, podemos estar orgullosos. Porque nadie nos ha regalado nada.
Hay muchas semillas que sembrar, hasta que se nos abran las manos.


P.D.- Y por supuesto, siempre habrá sol, y siempre seremos héroes.



Hey there mister can you tell me what happened to the seeds I've
sown
Can you give me a reason sir as to why they've never grown
They've just blown around from town to town
Till they're back out on these fields
Where they fall from my hand
Back into the dirt of this hard land
Now me and my sister from Germantown we did ride
We made our bed sir from the rock on the mountainside
We been blowin' around from town to town
Lookin for a place to stand
Where the sun burst through the cloud
To fall like a circle
Like a circle of fire down on this hard land
Now even the rain it don't come 'round
It don't come 'round here no more
And the only sound at night's the wind
Slammin' the back porch door
It just stirs you up like it wants to blow you down
Twistin' and churnin' up the sand
Leavin' all them scarecrows lyin' face down
Face down in the dirt of this hard land
From a building up on the hill
I can hear a tape deck blastin' "Home on the Range"
I can see them Bar-M choppers
Sweepin' low across the plains
It's me and you Frank we're lookin' for lost cattle
Our hooves twistin' and churnin' up the sand
We're ridin' in the whirlwind searchin' for lost treasure
Way down south of the Rio Grande
We're ridin' cross that river
In the moonlight
Up onto the banks of this hard land
Hey Frank won't ya pack your bags
And meet me tonight down at Liberty Hall
Just one kiss from you my brother
And we'll ride until we fall
Well sleep in the fields
We'll sleep by the rivers and in the morning
We'll make a plan
We'll if you can't make it
Stay hard, stay hungry, stay alive
If you can
And meet me in a dream of this hard land






Tractored out, 1938.
Next time, try the train, 1937.

Dorothea Lange

Monday, February 20, 2006

Ballad of a thin man




Ballad of a thin man


You walk into the room
With your pencil in your hand
You see somebody naked
And you say, "Who is that man?"
You try so hard
But you don't understand
Just what you'll say
When you get home

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

You raise up your head
And you ask, "Is this where it is?"
And somebody points to you and says
"It's his"
And you say, "What's mine?"
And somebody else says, "Where what is?"
And you say, "Oh my God
Am I here all alone?"

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

You hand in your ticket
And you go watch the geek
Who immediately walks up to you
When he hears you speak
And says, "How does it feel
To be such a freak?"
And you say, "Impossible"
As he hands you a bone

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

You have many contacts
Among the lumberjacks
To get you facts
When someone attacks your imagination
But nobody has any respect
Anyway they already expect you
To just give a check
To tax-deductible charity organizations

You've been with the professors
And they've all liked your looks
With great lawyers you have
Discussed lepers and crooks
You've been through all of
F. Scott Fitzgerald's books
You're very well read
It's well known

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

Well, the sword swallower, he comes up to you
And then he kneels
He crosses himself
And then he clicks his high heels
And without further notice
He asks you how it feels
And he says, "Here is your throat back
Thanks for the loan"

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

Now you see this one-eyed midget
Shouting the word "NOW"
And you say, "For what reason?"
And he says, "How?"
And you say, "What does this mean?"
And he screams back, "You're a cow
Give me some milk
Or else go home"

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

Well, you walk into the room
Like a camel and then you frown
You put your eyes in your pocket
And your nose on the ground
There ought to be a law
Against you comin' around
You should be made
To wear earphones

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?


Bob Dylan

En especial la opción - con perdón - Bunbury.



Pendant que j'ai encore une ombre, Opio 1980. Jacques - Henry Lartigue.

Friday, February 17, 2006

Come pick me up






Ufffff


"Come Pick Me Up"

When they call your name
Will you walk right up
With a smile on your face
Or will you cower in fear
In your favorite sweater
With an old love letter

I wish you would
I wish you would
Come pick me up
Take me out
Fuck me up
Steal my records
Screw all my friends
They're all full of shit
With a smile on your face
And then do it again
I wish you would

When you're walking downtown
Do you wish I was there
Do you wish it was me
With the windows clear and the mannequins eyes
Do they all look like mine

You know you could
I wish you would
Come pick me up
Take me out
Fuck me up
Steal my records
Screw all my friends behind my back
With a smile on your face
And then do it again
I wish you would

I wish you'd make up my bed
So I could make up my mind
Try it for sleeping instead
Maybe you'll rest sometime
I wish I could

Ryan Adams


Bill Brandt

Thursday, February 16, 2006

Lartigue




Con las manos en los raídos bolsillos de mi pantalón, de perneras deshilachadas, voy pateando una piedra por la cuneta, mientras mis botas se van cubriendo de polvo y los chupados caramelos de ojos de buey y las bolas de grosella crean una pegajosa masa que hace difícil separar mis dedos, lo cual es una experiencia muy gratificante.

Creo que nunca voy a poder adaptarme a este mundo, donde todo se sucede demasiado rápido.
Continuamente cambian las tendencias, lo cual indica que nada permanece, y que en todo impera un incesante cambio. La pérdida de valores conduce a un absoluto desenfreno, todo vale con tal de no reparar en el vacío.

Quizá debería volverme imbécil fumando porros, hasta que consiga responder a la gente con lentitud: "Moooola, tío, la nebulosa".

Qué triste...


Lartigue. Grand Prix

Wednesday, February 15, 2006

Piotr Pst





¿Conoces a Piotr Pst?


No fue su andar cansino, casi arrastrando los pies por la acera, lo que nos detuvo, unos metros después de habernos cruzado con él en una elegante callejuela del londinense Hampstead.
Ni fue tampoco su pelo encanecido, ni el bastón en el que apoyaba sus años por lo que tuvimos que mirarnos a los atónitos ojos.
Annie y yo llevábamos apenas un par de días recorriendo la capital de nuestro Imperio, acompañando a Paul en la presentación de la traducción inglesa de su última novela, No me gustan las croquetas. Nos habíamos despedido de él con las manos, desde la puerta del salón donde sufría la enésima rueda de prensa y pudimos intuir un leve mohín de disgusto, del tipo no-me-dejéis-aquí, cuando levantó la cabeza por encima de la cordillera de periodistas, para darse por enterado.

Cuando volvimos la mirada, después de comprobar cómo los dos pensábamos lo mismo, aquella figura encorvada terminaba de doblar la esquina. No fue, digo, lo que vimos lo que nos impactó cuando pasó a nuestro lado, una más de las muchas personas con las que te cruzas distraídamente por la calle, sino cómo se nos quedó mirando al llegar a nuestra altura, levantando la cabeza con la boca entreabierta, como agotado por el esfuerzo, mientras su único ojo, ya vago, parecía preguntarnos si ibamos a apartarnos, o si por el contrario habría de hacer un esfuerzo suplementario para sobrepasarnos.

Después de convencernos mutuamente de que no era un sueño lo que acabábamos de ver, volvimos sobre nuestros pasos, con la sensación creciente de estar viviendo uno de los momentos más indescriptibles de nuestra vida.
Cuando quisimos darle alcance, se había desvanecido entre la multitud y, cansados de lo que quizá sería una ilusoria búsqueda, infructuosa por lo demás, decidimos tomarnos un descanso y acotar nuestra imaginación.

Entramos en un café, el Louis Patisserie. Lo recuerdo porque me guardé en la gabardina, subrepticiamente, un hermoso posavasos.
Detrás de la columna que nos ocultaba había una mesa repleta de tartas y pasteles, distinguidamente expuestos para los clientes. Annie se acercó a buscar un par de bollos de crema para acompañar el té, y volvió completamente pálida, con los ojos desencajados y el plato tembloroso, con los bollos a punto de caer.
-Está ahí, t-tiene q-que ser él-, musitó mientras se sentaba en el borde de la silla.
-T-te digo que es él, Albert, estoy segura-, repitió, completamente azorada, mientras se pasaba el flequillo por detrás de la oreja.

Me aproximé inmediatamente a las tartas e intenté disimular poniendo pasteles en mi plato, mientras espiaba las mesas buscándole. De pronto, di con una mesa apartada, con un vaso y una botella de lo que me pareció ser Loch Lomon, y un periódico desplegado. Cuando me agaché a recoger los bollos que se me habían caído con mi mecánico acto de llenar el plato, y entre los improperios de una camarera entrada en años y en kilos, de mejillas increíblemente sonrosadas, me quedé petrificado: el periódico se cerró y dejó ver tras él la mirada inquisitiva, atraída por el incidente, del anciano. No podía dar crédito, tenía que ser él: sin ninguna duda, el parche en el ojo no dejaba lugar a dudas.

Cuando volví a la mesa, los dos caímos en un histérico nerviosismo, atrayendo sobre nosotros una miríada de curiosas miradas; no podía estar pasando aquello, no podía ser verdad, estar sentados a escasos metros de toda una leyenda para nosotros, de alguien para quien, en el mejor de los casos, sólo eramos dos molestos ciudadanos, extranjeros, probablemente.

Entendimos que debíamos acabar con aquello, para bien o para mal, y, después de tomar aire, nos aproximamos a su mesa, donde esperamos de pie, sin atrevernos a molestarle, hasta que el hombre bajó el periódico y, después de repasarnos durante unos segundos que nos parecieron interminables, pronunció un escueto - can I help you?-.
Yo intenté presentarme, torpemente con mi penoso inglés, pero Annie me rescató, haciendo uso de su impecable dominio del idioma, y consiguió arrancarle, después de beber un sorbo de su whiskey y estudiarnos de nuevo con su recuperado ojo-pareciera que el Loch Lomond infundía en ese personaje un renovado vigor-, un escueto -yes, I am-, a su pregunta -Excuse me, sir, are you Mr. Pst, Piotr Pst?.

Fue increíble, asombroso, indescriptible. Al final conseguimos vencer su desconfianza - gracias, Annie- y acabó invitándonos a un par de copas en su misma mesa. No me gusta molestar a la gente, en especial cuando están tranquilamente enfrascados en su lectura, pero cuando salimos de aquel café, completamente ensimismados, pude entender que al señor Pst le causó una grata impresión nuestra genuina admiración por él, olvidado como estaba, y que incluso fue para él un momento placentero sentirse agasajado por dos desconocidos.

Fue sin duda uno de los momentos más felices de nuestra vida, y mientras estábamos allí, con él, recordé aquella vez en que le pregunté a Annie: ¿Conoces a Piotr Pst?.
Supimos que su vida no había sido nada fácil, que había nacido en Estonia en 1923, que él y su familia lo habían pasado muy mal durante la guerra mundial-aunque no quiso adentrarse en aquellos recuerdos, el brillo en su ojo así lo denunciaba-, y que, acabada la contienda, con un parche en el ojo y empobrecido, tuvo que ganarse la vida como mercenario, hasta que se vió cansado de ser engañado constantemente por rufianes del tipo de Rastapopoulos y demás ralea.
Nos dijo que conservó la amistad durante mucho tiempo con Tintín y los demás, y que, curiosamente, se había hecho inseparable de un tal Parker, un tipo que por lo visto trabajaba en el yate de Rastapopoulos; él fue quien los avistó con el catalejo cuando estaban perdidos en el mar. Dijo que Parker y él habían pasado por casi las mismas cosas, y después de decir esto tuvo que beber un trago y decirnos que lo había perdido hacía un par de años, y cuando las lágrimas afloraron en su ojo Annie y yo nos miramos. Finalmente nos dijo que pasó el resto de su vida trabajando para Laszlo Carreida, y que nunca podría agredecerle como él quisiera haber confiado en él para pilotar su avión, aún con un solo ojo.

Había tenido una mujer de la que se enamoró mientras estuvo en el Khemed; dejó caer que la había perdido por su mala vida .Yo quise entender que ella le había dejado pero Annie sostuvo, en aquella memorable cena en el hotel con Paul, que no daba crédito a lo que estaba escuchando - locos, estáis completamente locos- , que no, que seguro que habían sido muy felices y que ese "la había perdido" quería decir que la habían asesinado y que por ello había decidido dejar el lado oscuro. Luego discutimos porque a mí me parecía que no tenía por qué meter la saga astral en cada conversación, pero entonces fue cuando Paul despertó de su letargo para criticarme por despreciar o, mejor aún, por no saber apreciar las bondades de la Guerra de las Galaxias. Pero en fin, esa es otra historia.

Sunday, February 05, 2006

Bea




Bea

Un verano de hace unos cuantos años, allá por el 92 o 93, se fue a Alemania y, cuando la fuimos a buscar al aeropuerto, pude entender que no había vuelto.
A grandes rasgos, Max vino a buscarla en coche poco después y finalmente se fueron.

Cuando la estábamos despidiendo desde el portal, no pude evitar salir corriendo detrás de ellos, agitando la mano entre lágrimas, y tampoco pude olvidar nunca el llanto desconsolado de mi hermana.
Jamás me costó tanto regresar a casa.

Mi hermano se acordará de aquella noche en la que, muy pequeños, descubrimos Thunderstruck, cuando nos colamos furtivamente en su cuarto y escuchamos en su walkman aquella canción, helados de miedo.
En la época en la que se fue estaba en mi etapa Queen, otra de sus herencias, y recuerdo aquella terrible noche, donde toda mi vida cambió, sin poder asimilar el cambio que acababa de producirse en mi familia.
Una y otra vez escuchaba Spread your wings, y no podía evitar contener las lágrimas. Creo que nunca lloré tanto en mi vida.

Así que, aunque siguen pasando los años, sigo sin asimilarlo del todo. Hoy, que se fue de nuevo, es un día muy triste para mí.

"So honey
Spread your wings and fly away
Fly away far away
Spread your little wings and fly away
Fly away far away
Pull yourself together
'Cos you know you should do better
That's because you're a free man
Come on honey
FLY WITH ME!"


Dios mío, cómo te quiero, hermanísima...