Thursday, October 27, 2005



Fue que a Paul le encanta chapotear los días de lluvia en los charcos de las calles, y si coincide el temporal de paraguas vencidos con noches de ópera, entonces gusta de hacerlo en aceras elegantes, en charcos distinguidos, por continuar así el hechizo musical y no despedirse a la puerta del teatro, como quien sale del banco un miércoles a media mañana. Sí, son maravillosos los charcos nocturnos, a la luz de las farolas, aunque ya no sean de gas.

Así es que en ésas estábamos, caminando Annie y yo, chapoteando él, cuando le vimos recoger del suelo unas cuantas fotografías. Todo el mundo comprenderá el placer que supone el hecho de encontrar algo excepcional en la calle, y si se trata de imágenes de otra época, con una historia por imaginar en nuestras complejas y nunca del todo entendidas mentes, el hallazgo es doble.

No es éste el momento de contarles de qué modo se ha enredado la historia, pero les diré que se ha enredado, y mucho. Paul me reprocha mi querencia por los textos extensos, por lo que dejaré para otro día el misterio de las fotos extraviadas.

Naturalmente, me quedé con ellas.


- Es como si pudiera tomar esa manzana con la mano, qué maravilla de bodegón, James. Y esos melocotones, si hasta me apetece acariciarlos con los dedos, qué tersura...Por eso adoro venir a París de vez en cuando, es una ciudad tan encantadora, y siempre encontramos unos regalos de boda perfectos, ¿verdad?. Creo que no debemos buscar más, querido, les encantará, aunque ya sabes que esa pequeña fierecilla no me es del todo grata; pobre muchacho, acabar en el altar con Helen, quién lo iba a decir; eso sí, los Holden estarán de enhorabuena, no pienses que era algo sencillo casarla, acuérdate de lo que pasó con Jean Watkins, qué vergüenza, imagínate los comentarios, si hasta el juez Albright lo dejó caer en el club, ¿no?

- Qué melocotón...

- ¿Querido...?

Sunday, October 16, 2005


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MANO ENTREGADA . Vicente Aleixandre (1898- 1984)

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa de amor hermoso.

Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo, oh cuerpo
sólo sonido de mi voz poseyéndole.

Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor - el nunca incandescente hueso del hombre -.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

Wednesday, October 12, 2005



In loving memory...

Aquí están mis primeros balbuceos con la cámara.

Ahora ha cobrado mayor valor. Ya no existe este espacio. Esa es la grandeza de la Fotografía.

A veces las ausencias o las perdidas enriquecen.

Hubo quien me dijo que sólo es una portería. Hubo quien me dijo que no le gustan los graffiti.

Adoro no tener que explicar ciertas cosas inexplicables

" Desde que trajiste mi ola irresistible
para romperse en espuma sobre tu inmóvil risco,
ambos ocupamos la misma estación de ser,
no como el matrimonio refugiándose juntos,
sino más allá de la razón, co-idénticos.
Ahora cuando nuestros cuerpos arriesgan un encuentro,
temen desencadenar la furia de sus sentidos,
y sólo en el breve desmayo de la despedida
se estremecerá tu risco o vacilará mi ola. "

Robert Graves, Poemas Completos
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